¿Quiénes somos?

Las Carmelitas Descalzas somos una familia fundada por Santa Teresa de Jesús. Nuestra vocación  es un don del Espíritu, que nos invita a una misteriosa unión con Dios, viviendo en amistad con Cristo, en su seguimiento y en intimidad con la Virgen María.

Llamadas a la contemplación, tanto en la oración como en la vida, nuestra oración y entrega se funden vivamente en un amor grande a la Iglesia. Y llamadas a la fraternidad en un pequeño colegio de Cristo, donde “todas han se ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar…” en el camino de la santidad, teniendo como norma suprema el amor recíproco manifestado en obras.

Las Carmelitas Descalzas de Toro nos presentamos:

Pilar Samaniego González

Me llamo Mª del Pilar de Santa Teresa Margarita y nací en Toro. Ingresé en este Carmelo Toresano a los 16 años.
La vocación la sentí desde niña. Me eduqué en el Colegio del Amor de Dios, hermanas aquellas que me ayudaron mucho a conocer y a acercarme al Señor y en donde sentí el primer “sígueme” de Jesús. A partir de aquel inolvidable día, ya solo me quedaba decirles a mis padres que quería ser monja Carmelita. Me lo aceptaron, pero querían que esperase algún año más pues era muy joven para abrazar una vida así. Me entró una llorera que un tío mío intercedió ante mis padres diciéndoles: “dejadla ya entrar en el Convento, porque si no, va a enfermar”. A esto mis padres cedieron, e ingresé con mucho gozo el día de San José de 1936, (tiempos difíciles en el plano político y social) y tuve de compañera a otra novicia Toresana
Puedo decir con toda verdad que en los 79 años que llevo de Carmelita, no he tenido la menor duda de mi vocación, al contrario, cada día he sido y soy más feliz, dando gracias a Dios por tan bella vocación a la vida contemplativa. Ahora en mi vejez ayudo a la comunidad en lo poco que puedo y alabo al Señor por regalarme larga vida.

Mª del Rosario Lucas Lucas

Es Rosarito, quien se presenta, oficialmente Mª Rosario de San José. Soy natural de la ilustre comarca de Tabara (Zamora), tierra de cenobios y algo debo llevar en los genes porque en mi pueblo hay monjas, y sacerdotes.
Siendo niña oía decir a mi madre que le gustaría tener un hijo sacerdote y una hija monja, y Dios se lo concedió. Soy la segunda de nueve hermanos y un poco la madrecita de ellos pues cuando los recursos económicos son escasos hay que hacer de todo para que la familia pueda salir adelante. Mis padres, de profundos sentimientos religiosos y con perspectiva de futuro, con gran esfuerzo y muchos sacrificios, nos proporcionaron una educación que nos ha permitido situarnos en la vida.
Estudie en colegios religiosos y la semilla de la vocación pudo germinar con facilidad. Conocí el Carmelo y en él he gozado y sufrido, pues la vida es como una rosa, con su bellos colores y sus espinas . El seguimiento de Jesús me enamoro desde pequeña y al calor del Carisma teresiano se ha desarrollado mi vida. La lectura de la Palabra de Dios, de Santa Teresa y San Juan de la Cruz es alimento diario que gota a gota ha ido modelando mi vida, suavizando asperezas y abriendo mi espíritu a nuevos horizontes de fe y esperanza.
Hoy, a mis 69 años, puedo decir que mi vida es plena, contando siempre con la fragilidad humana, pero feliz de gozar de una vocación tan maravillosa en el recinto contemplativo del claustro, concretamente en el Carmelo de Toro.

Natividad Barrios González
Me llamo Natividad y soy de Villoria, un pueblo de Salamanca. Nací en una familia cristiana, la cuarta de seis hermanos, en la que reinaba el amor, la unión y también la pobreza. No había más remedio que trabajar para poder vivir y así, todos los hermanos fuimos saliendo de casa en edad temprana para buscarnos la vida. Con 11 años me colocaron en una casa de labranza para cuidar a un niño pero hice de todo menos eso, fue un trabajo excesivo, inapropiado para mi edad, acabé enfermando de pulmón. A los 18 años me operaron de un pulmón y me le inutilizaron. Gracias a Dios tengo una naturaleza buena y fuerte y he tenido salud suficiente para vivir con un pulmón gran parte de mi vida. De joven pertenecía a la Alianza por Jesús y María y me acompañaba con un Padre Carmelita Descalzo de Salamanca.
Siempre he llevado dentro de mí el deseo de ser monja contemplativa y dedicarme a la oración y a servir al Señor en las hermanas; pero el temor de mi enfermedad me hacía pensar que nunca lograría tanta felicidad, hasta que un día el Señor en la oración me hizo ver claramente que me quería para El en el Carmelo. Ya no volví a dudar nunca de mi vocación, el Señor me daba seguridad y confianza plena. Ingresé en este Carmelo en el año 1959 con 25 años de edad, donde he sido siempre muy feliz y he trabajado en todos los oficios que me han encomendado. Llevo ya varios años que estoy “atada” a la bombona de oxígeno para poder seguir alabando y dando gracias a Dios hasta que El quiera. Y ayudo a la comunidad en lo que puedo, desde mi celda, haciendo escapularios y en oración intercediendo por todos.

Teresa Margarita del Espíritu Santo
Me llamo Margarita Sánchez-Gallego Somacarrera y soy de Polán, un pueblo de Toledo. Nací en 1938, mi padre estaba en la guerra, en la parte de Extremadura, se escapó una noche para venir a conocerme, yo tenía 15 días y a los 3 meses le mataron. Mi madre se quedó con 3 niños: mi hermano de 4 años, mi hermana de 2 y medio y yo con 3 meses. Mi madre sufrió mucho para criarnos, trabajaba mucho y ganaba poco. Recuerdo con dolor ver que mi madre compraba un pan y lo partía para los 4, mi madre guardaba su trozo para cuando yo lo pidiera. Nos dio muy buenos ejemplos en todo. Cuando yo tenía 16 años mi madre murió: qué dolor tan grande para mí y mis hermanos. Pero sentía en todo momento cómo el Señor me fortalecía. Al morir mi madre, mis hermanos quisieron que siguiéramos los tres juntos
Siempre pensé casarme y tener hijos pues me gustaban los niños. A los 16 años hice un retiro en Toledo con un grupo grande de chicas, con mi párroco y confesor. En el retiro dijo el párroco: “de aquí saldrá una religiosa” palabras que me turbaron bastante pues fue como oir dentro: tu, tu…y yo no quería ese camino para mí. A los 21 años tuve novio pero a los 3 meses vi que no podía compartir con él la fe y lo dejamos. A los 22 años me hice novia de otro y lo dejé por el mismo motivo. Y me seguía la inquietud de la vocación religiosa. Se lo dije a mi director y me dijo que escogiera entre vida activa y contemplativa. Como él era el capellán de las Carmelitas de Villarrobledo me decidí por el Carmelo y allí entré. Cuando se enteraron toda mi familia se puso en contra y muchos del pueblo, aunque también había gente que me animaba a ser monja. La madre de una amiga me decía: “tu adelante, que irás a tres fundaciones”. Y resultó profeta. Entré en Villarrobledo y estuve 22 años; luego en la fundación de Ibiza 16 años, me costó decidirme hasta que el Señor me dijo con claridad: “sigue adelante, no te detengas” y me volvió la paz y la sonrisa. De allí nos fuimos a fundar un Carmelo en las Misiones en NKué, ( Guinea Ecuatorial), donde estuve 13 años ,que se tuvo que cerrar por falta de vocaciones. A su vuelta he pasado a pertenecer a esta comunidad de Toro donde llevo 3 años y 9 meses, donde he sido bien acogida y me siento muy contenta.

Mª del Pilar Huerta Román
Para mis hermanas en el convento soy Pilar María. Nací y crecí en un ambiente en el que la religión ha estado siempre muy presente. De hecho descubrí mi vocación al Carmelo en una Pascua juvenil. Desde entonces me he sentido llamada al seguimiento de Jesucristo. Teresa de Jesús, sus obras y su estilo de vida me cautivaron. Como ella, entré en el Carmelo un día 2 de noviembre. Y aquí estoy 35 años después.
Con el paso de los años he arribado como buena alumna de la Santa de Ávila, al luminoso puerto de la Sagrada Escritura. Es así como he llegado a comprender que una segunda vocación se abría paso en mi vida: el estudio y la profundización de la Biblia. A él he dedicado, y sigo dedicando, gran parte de mi tiempo, tratando de hacer partícipes a los demás de los tesoros bíblicos, en las distintas formas que me permite mi vocación carmelitana.
Desde estas experiencias puedo afirmar que mi vocación es don y es tarea a realizar. Ambas cosas, el don y la tarea, son para mí fuente de gozo que alimento cada día en los ríos inagotables de la Palabra de Dios.